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En primer lugar, es importante diferenciar un problema de conducta de un trastorno como tal. El primero se trata de un grupo de cambios expresados a nivel conductual. Éstos incluyen actitudes rebeldes, negativismo, dificultades con las autoridades, entre otros, que pueden o no estar asociados entre sí. Por otro lado, los trastornos de la conducta se caracterizan por un conjunto de rasgos y síntomas patológicos difíciles de modificar sin intervención profesional. De acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales V (DSM-V), entre ellos se encuentran varios. Por ejemplo, el Trastorno Negativista Desafiante, el Trastorno Explosivo Intermitente, Trastorno de Conducta, Piromanía, Cleptomanía y otros no específicos relacionados al pobre control de los impulsos y a conductas disruptivas.

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Foto tomada de http://www.thesismag.com/2015/05/28/why-do-teens-always-seem-so-angry/

Lo “normal”

¿Qué es lo normal en los adolescentes? y ¿Cuándo nos debemos preocupar? Es común que en etapas sensibles, como son la pubertad y la adolescencia, los jóvenes pasen por una serie de cambios importantes. Estos cambios se evidencian a nivel psicológico-emocional, físico, social y cognitivo, por nombrar algunos. Dependerá de varios factores, si los cambios vividos se convertirán en fuente de conflicto o no; y por tanto, de problemas de conducta. Uno de estos factores, es el entorno familiar. En muchos casos, suele suceder que los padres y familiares aún no se adaptan a los cambios que está enfrentando su hijo adolescente y mantienen, al igual que esperan conductas propias de un niño. Al no percibirlas de esta manera, se genera en muchas ocasiones, los “problemas de conducta.”

Si hablamos de “normalidad”, se debe señalar que durante dichos períodos sensibles, los jóvenes empiezan un proceso de identificación con sus pares que rebasa muchas veces, las relaciones con sus padres. Es decir, establecen vínculos importantes con sus amigos, que suelen hacer que sus padres se sientan desplazados. Sin embargo, es de esperarse que ello suceda, al ser una parte natural del desarrollo psicosocial del ser humano. Tal vez hace 30 años no sucedía de la misma manera que hoy en día, pero en la actualidad, esa es la norma. En este sentido, es importante señalar que las relaciones entre padres e hijos siempre han estado sujetas a cambios dependiendo de la edad y etapa de vida en la que ambas partes se encuentren. Si bien es un reto adaptarse a nuevas situaciones, puede lograrse sin que se pierda el vínculo de amor que une a padres e hijos.

Lo que no es “normal”

En ocasiones, los cambios en la conducta empiezan a influenciar negativamente en la vida familiar, escolar, social y personal. Ello conlleva a que el jóven experimente una disfuncionalidad en su vida cotidiana. Aparecen actitudes desafiantes hacia las figuras de autoridad en todos los ámbitos de la vida de esta persona. Los vínculos familiares se deterioran y pueden aumentar las conductas de riesgo como son el consumo sostenido de alcohol y sustancias, inicio de relaciones sexuales tempranas, agresividad, entre otras. Dichas conductas, nos señalan que existe un problema. Problema que el adolescente y su familia o entorno no están identificando y resolviendo adecuadamente.

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Foto tomada de http://www.mendozapost.com/nota/61221-cada-vez-mas-chicos-mendocinos-desaparecen-los-fines-de-semana/

¿Qué hacer?

Frente a este tipo de conductas no existe una solución fácil. La mejoría de los problemas de conductas tiene raíz en la correcta identificación de lo que está sucediendo. Es decir, en encontrar la base de dichas conductas, ya que las mismas aparecen como respuesta a un malestar severo. Este malestar puede estar relacionado a procesos psicológicos y emocionales internos del adolescente, a situaciones específicas o bien a un entorno dañiño.

Como padres, profesores o familiares, estamos obligados a averiguar la raíz de estas conductas. Además de realizar un acercamiento con el adolescente, de forma que podamos fomentar la confianza perdida y afianzar la relación. Así, se estarían sentando las bases para conocer qué es lo que está sucediendo y más importante aún, conocer qué necesita esta persona para sentirse feliz y satisfecha. De manera que no recurra actuar dañiña o desenfrenadamente. Finalmente, cabe mencionar que en la mayoría de casos, el problema central no es el adolescente, sino lo que le está sucediendo.

Los problemas de conducta, así como los trastornos, traen consigo muchas dificultades a nivel familiar. Por lo que se recomienda frente a estas señales, buscar ayuda profesional que le brinde a los padres y adolescente orientación y estrategias de resolución.

Por: Psi. Cl. Florencia Barriga

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